Me desperté con ganas de dormirme.
El pecho apretado, los
ojos nublados y un nudo en la garganta que no me dejaba respirar. Miré el
techo, contemplando si valía la pena levantarme y mientras una voz en mi cabeza
me decía que lo haga, mi cuerpo me suplicaba quedarme en la cama. Cada día
estoy más cansada que el anterior. Siento que las horas se hacen eternas y que,
a la vez, los días se atropellan entre sí, llegando antes de lo previsto. Es
todo muy confuso y siento que ya nada tiene sentido. Me angustia pensar en el
futuro y ni siquiera quiero recordar el pasado. ¿El presente? Cómo vivir el presente
si ni siquiera sé en qué día estoy parada.
Quise escribir. La escritura siempre fue mi cable a tierra,
mi gran descarga. Pero en cuanto puse los dedos sobre el teclado, las palabras
desaparecieron. No sé qué hacer. Con nada. Quiero llorar, pero las lágrimas no
salen. Cada tanto se asoman e inconscientemente las resisto. ¿Estoy triste?
Creo que sí, pero ya ni siquiera de eso estoy segura. Sé que no estoy sola. Lo
sé. Tengo gente que me quiere y yo los amo a ellos. Pero sigo sintiendo ese
vacío en mi pecho… Y me asusta.
coronavirus diaries